LO DEJAMOS ACÁ
Por razones obvias —y también por deformación profesional—, las películas sobre escritores siempre despiertan mi curiosidad. Lo dejamos acá me atrapó desde el título: cotidiano, sugerente y con ese aire de frase que puede esconder una despedida, una amenaza o el principio de una buena historia. Saber que el guion es de Emanuel Diez y que Ricardo Darín encabeza el reparto terminó de convencerme de darle una oportunidad.
A diferencia de películas como El ladrón de palabras o No dejes rastros, donde la ambición literaria conduce a sus protagonistas por los sinuosos caminos del plagio, aquí el interés no está en conquistar la fama como novelista, sino en la inteligencia y la astucia de un psicoterapeuta frente a un paciente muy particular: un escritor interpretado por Diego Peretti.
Darín y Peretti hacen lo suyo, y los diálogos dejan algunas reflexiones literarias rescatables. La película funciona como comedia con ciertos toques de suspenso, apoyada por una fotografía y una dirección que cumplen con su cometido.
Sin embargo, como guionista, no puedo evitar pensar en todo lo que la historia pudo haber explotado. La relación entre el terapeuta y su paciente ofrecía material para desarrollar otros casos, abrir nuevas tramas y profundizar en situaciones tan divertidas como incómodas. En cambio, al concentrarse principalmente en una sola relación, la narración termina recorriendo caminos que el cine ya ha transitado muchas veces. Y el desenlace, al menos para mi gusto, tampoco consigue sorprenderme: quedé con la sensación de que la historia todavía tenía una carta importante por jugar.
¿Me entretuvo? Sí. ¿Me dejó satisfecho como espectador y guionista? No del todo.
Pero esa es mi experiencia frente a la pantalla. El cine tiene esa maravillosa costumbre de contradecir al crítico sentado en la butaca de al lado. Así que véanla, disfrútenla y saquen sus propias conclusiones. Después de todo, como sugiere el título, hay conversaciones que terminan con un: «lo dejamos acá»… y otras que apenas comienzan cuando se encienden las luces.
Gabo Murguía Ruíz