SIEMPRE JUNTOS (EZRA)
Y si el que necesita aprender a ver el mundo de otra manera no fuera el hijo, sino el padre?
Bobby Cannavale interpreta a Max Bernal, un comediante que lucha por salir adelante y, sobre todo, por entender a su hijo Ezra, un niño de once años dentro del espectro autista, interpretado por William A. Fitzgerald, quien también es autista. Y aquí tenemos uno de los grandes aciertos de esta película: la naturalidad con la que el joven actor da vida a un personaje que no necesita parecerse a nadie más que a sí mismo.
Detrás de Siempre juntos (Ezra) hay algo más que una buena historia: está la experiencia personal del guionista Tony Spiridakis, quien escribió la película como una carta de amor, disculpa y catarsis inspirada en su propia relación con sus hijos neurodivergentes. No es una biografía exacta, pero sí refleja los errores, los miedos y el caótico proceso de aprendizaje que puede vivir un padre cuando descubre que amar profundamente a un hijo no significa saber cómo comprenderlo.
Por supuesto, Spiridakis no llegó ayer a la industria cinematográfica. Después de décadas de experiencia como guionista, director, productor y actor, se enfrentó a lo que él mismo ha considerado uno de los proyectos más personales e importantes de su carrera. La historia tardó años en consolidarse, hasta que su gran amigo Tony Goldwyn, director de la película, leyó el guion y entendió que tenían que llevarlo a la pantalla. A la historia se sumó Robert De Niro, quien interpreta a Stan, el abuelo de Ezra y que también tiene un hijo dentro del espectro autista. La película encontró así a un equipo que podía conectar con sus emociones desde la experiencia y no solamente desde el oficio.
La historia se detona cuando Max entra en conflicto con su exesposa, la escuela y los especialistas por las decisiones que deben tomar respecto a Ezra. Convencido de que puede conectar con su hijo a su manera, Max toma una decisión impulsiva y se lo lleva a un viaje por carretera a través del país. Lo que comienza como una aventura improvisada termina convirtiéndose en una travesía emocional en la que padre e hijo no son los únicos que tienen algo que aprender.
Y es aquí donde el guion demuestra su inteligencia: a través de diálogos que te hacen reír y reflexionar, la película nos recuerda que los padres, en ocasiones, nos empeñamos tanto en preparar a nuestros hijos para el mundo que olvidamos detenernos a conocer el mundo en el que ellos viven. Claro, Max tiene buenas intenciones, aunque algunas de sus decisiones nos hagan pensar que, antes de salir a la carretera, también le habría venido bien consultar a alguien… ¡pero esta vez no para que le diera la razón! Porque querer proteger a un hijo no significa tener siempre la razón. Y aceptar sus diferencias tampoco consiste en renunciar a acompañarlo, sino en aprender a escucharlo, respetar sus necesidades y descubrir qué apoyos pueden ayudarlo a desarrollarse sin intentar convertirlo en alguien que no es.
¿Me entretuvo? Sí, bastante. ¿Me dejó satisfecho como espectador, director y guionista? Sí, por supuesto.
En lo personal, me quedé asombrado por la naturalidad con la que la película presenta situaciones que muchas personas todavía contemplan como un problema que debe corregirse. Ezra nos recuerda que hay distintas maneras de percibir, experimentar y comprender el mundo, y que quizá nuestras propias limitaciones nos impiden reconocer todo lo que podemos aprender de ellas.
Al final, Siempre juntos nos deja una pregunta que va mucho más allá del autismo: ¿estamos educando a nuestros hijos para que sean quienes son o para que se conviertan en quienes nosotros esperamos que sean?
A veces, el verdadero viaje de un padre no consiste en llevar a su hijo al otro lado del país, sino en recorrer la distancia que existe entre sus propias expectativas y el corazón de ese hijo.
Y esa distancia, aunque no aparezca en ningún mapa, puede ser la más difícil de todas.
Mi recomendación es que la vean. Hay un precioso mensaje para abuelos, padres e hijos, sostenido por una historia que se filmó desde el corazón, con humor, ternura y personajes que se equivocan como cualquier familia de carne y hueso.
Gabo Murguía Ruíz